En la vida computacional no tardamos mucho en cruzarnos con la palabra software o «programa». Sin embargo, ¿Qué significa en primer lugar? Software, en pocos términos y a modo de descripción mal explicada de la RAE, es lo contrario de hardware. El hardware es todo material «externo» de la computadora, la parte física. Software, por el contrario, es todo lo que está de forma no corpórea y es con lo que realmente interactuamos. O sea, el navegador, el solitario, las aplicaciones de Office y el Age of Empires. Aún así, ahí no se queda la definición de software, porque existen varios tipos y los nombrados previamente son solo lo que conocemos como «aplicaciones». Estos tres grupos generales de software son el sistema operativo, los drivers (o controladores) y las aplicaciones. Las aplicaciones son todos los programas de oficina, juegos o herramientas especializadas de traducción y análisis de texto como Trados o ABBYY FineReader. Los controladores, en cambio, son los programas que nos permiten interactuar con el hardware de forma correcta; son el puente entre los periféricos y elementos externos de la computadora, y el software. Por último, están los sistemas operativos que son de lo que vamos a ahondar y explicar en el resto de esta entrada.
El programa más fundamental que puede tener nuestra computadora es el sistema operativo. ¿Qué es eso? Básicamente es la base primordial en la que se desarrolla nuestra computadora. Es lo que reconocemos como Windows, Linux, IOS, Android y otros menos relevantes por falta de compatibilidad. Elegir una distribución («distribución» usualmente se usa solo para hablar de versiones de Linux, pero voy a optar por este término por comodidad) de Windows es clave para optimizar nuestra computadora en base a los recursos de los que disponemos o del trabajo que deseamos realizar. Por ejemplo, podríamos optar por la versión oficial de Windows 11 Home Edition, pero ¿Qué ventajas nos ofrece en relación con otras distribuciones como LTSC o una versión custom (personalizada)? ¿No es mejor Windows 10 o Windows 8.1? ¿Hay alguna distro gratuita? ¿Qué hay de Windows Lite? ¿Es alguno más relevante como traductor? ¿Por qué tantas preguntas? Bueno, lo más fácil de responder es el por qué de las preguntas y responde exactamente a la razón de por qué hay tantas elecciones y distribuciones dentro de las elecciones; a cada necesidad distinta nace una oferta. Además de la competencia general que tienen las compañías y el por qué ofrecen distintos productos, las diferencias en las distribuciones van a variar de nuestras necesidades. Para empezar, es importante aclarar que si bien las distribuciones de Linux, IOS y Android pueden usarse y tienen sus respectivas compatibilidades con aplicaciones para traductores, nos vamos a centrar en hablar exclusivamente de Windows, porque además de que tiene muchas distribuciones es el sistema operativo más compatible y flexible que existe con cualquier software de aplicación.
Ya para eliminar las dudas sobre si usar versiones anteriores de Windows, no, no las usen. Las versiones de Windows desde la 8.1 para atrás dejaron de recibir actualizaciones, son incompatibles con muchos programas actuales y webs, no están optimizadas y son extremadamente inseguras por la cantidad de virus que hay en internet. Windows 7 es el sistema más atacado de la historia. Windows 8.1 es aceptable si hablamos de una distribución personalizada en una computadora de bajos recursos, pero si pensamos en que nuestro dispositivo tiene 4 GB de RAM o más, deberíamos optar por versiones más compatibles y estables como son Windows 10 y 11 (en realidad, si nuestra computadora es muy lenta sería mejor usar una distribución super liviana de Linux, pero ya a ese punto creo que convendría comprar un equipo nuevo imaginando que lo vamos a usar para trabajo; es una buena inversión). Windows 11 es relativamente nuevo y yo no lo recomendaría hasta que se nos fuerce a migrar desde la versión previa, por lo que solo nos queda para hablar de las distribuciones del famosísimo Windows 10. Windows 10 tiene 4 versiones oficiales y son Home, Pro, Enterprise y Education. Tanto la Enterprise como Education están orientados a instituciones, por lo que no deberíamos realmente preocuparnos por ellas. Ahora, la única diferencia entre Windows 10 Home y Pro es la cantidad de RAM que podemos ponerle al equipo, siendo 128 GB en el caso de Home y hasta 2 TB en el caso de Pro. Los equipos domésticos no usan más de 32 GB de RAM porque no lo necesitan; no usan tantos procesos, por lo que no vale pagar la diferencia de la versión Pro. Ahora, una vez que elegimos la versión Home como la ganadora, ¿Qué hay de las versiones conocidas como LTSC y Lite? La Lite, es una versión super ligera de Windows que si bien nos trae un consumo de recursos más bajo, nos vamos a encontrar con un sistema incompatible con ciertos programas que nos va a requerir manosear los archivos del sistema para hacer que funcionen; elegir esta versión va a depender de qué tan importante sea ahorrar recursos para nosotros. Ahora bien, la versión LTSC, que es mi favorita, es una opción para empresas que es super estable y no nos pide actualizar el quipo tan seguido. Si bien puede que nos quedemos atrás con alguna actualización de rendimiento más nueva, no vamos a tener que estar actualizando todo el tiempo y el sistema va a funcionar de lo más bien. Por último, es pertinente mencionar que también hay versiones gratuitas de distribuciones personalizadas que apuntan a públicos más específicos rondando por internet. Si bien no vamos a verlas en esta entrada, les recomiendo que vayan a buscar por ahí que hay opciones muy tentadoras y mucho más optimizadas que las oficiales.

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