Localización: una mirada «traductoril»

    En septiembre del 2014, la actualmente abandonada Wii U recibió uno de los títulos más prometedores de ese año: Fatal Frame: Maiden of Black Water, que fue la quinta entrega principal de su saga. Sin embargo, esta fecha de salida no fue para todo el mundo, sino solo para Japón. Recién en octubre de ese mismo año se lanzó en todos los países una versión distinta del juego, que contenía ligeros cambios. ¿Qué cambios fueron? Bueno, además de sacar el juego en más idiomas que solo japonés, las ropas desbloqueables para la protagonista al terminar el juego eran distintas; eran mucho menos reveladoras. Nintendo, que es la compañía dueña de la consola, seguro no le pareció muy bien manchar su imagen familiar frente a culturas que no tienen la tolerancia a la sexualización que tiene Japón, por lo que cambiaron estos trajes desbloqueables a los de unos personajes reconocibles de la compañía, Samus Aran y Zelda.


    Este cambio en los desbloqueables del juego fue con el motivo de disminuir el impacto cultural con el resto del mundo. Si nos podría recordar a algo como traductores, es al proceso que muchos autores denominaron como
«adaptación». Ahora bien, la adaptación a términos generales se considera un pasaje que ocurre entre un texto de origen y uno de llegada; es un proceso completamente lingüístico. Sin embargo, lo que nos encontramos en el ejemplo dado va más allá de eso. No solo no se trata de un texto, sino que se analizó como un producto a lanzar al mercado globalizado. Teniendo en cuenta que la globalización es un proceso donde una empresa comercia con el resto del mundo, es claro que la mirada sobre la traducción en este contexto se vuelve mucho más comercial y, por ende, masiva. Esto nos lleva al tema de hoy: la localización.
    La localización se puede entender como la adaptación de un producto o servicio en particular a un único mercado. Esto significa que se adapta a una única cultura específica, pero es distinto al proceso de adaptación en la traducción porque no hablamos de textos, sino de productos. Para entenderlo más fácilmente, hay que introducir el término de internacionalización, que, por más confuso que parezca, no es lo mismo que globalización aunque ocurra como consecuencia suya. La internacionalización es la preparación de un producto para ser adaptado de forma masiva. Usualmente, la traducción pasa desde un texto de origen hasta uno de llegada, pero en el caso de la localización se requiere el paso previo de internacionalizar el contenido. Esto significa armar un producto con palabras más «simples» y «universales» para después adaptarlo más fácil y rápidamente sin gastar tantos recursos. Muchas veces estos textos internacionalizados se dan en una única lengua y de ahí se producen los demás, pero no necesariamente es la lengua de origen en la que se creó el producto. Por ejemplo, un juego japonés se traduce a un inglés internacionalizado y de ahí se crean las versiones localizadas, a partir de este texto «universal». Esto hace mucho más eficiente el proceso de adaptar el contenido a la tolerancia de cada cultura, que si se hiciera de la forma clásica sería muy costoso y tomaría tiempo. Cabe aclarar también que estas versiones internacionalizadas se hacen más fáciles de crear y utilizar cuando hablamos de productos con lenguaje «sencillo» como el de un sistema operativo o una página web que apunta al mercado globalizado; esto no aplica con la misma facilidad a textos más tradicionales como las novelas.
    En resumen, la localización es una consecuencia del mercado globalizado y es distinto al proceso de adaptación en la traducción. Es importante para el traductor saber la diferencia de estos conceptos porque a la hora de trabajar en proyectos de localización (donde van a colaborar con más profesionales que solo traductores) se van a encontrar con un proceso distinto al tradicional y van a tener que trabajar con una versión internacionalizada. Teniendo esto en cuenta, los despido. Que tengan un buen día, tarde, noche o lo que proceda.


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